Por Eduardo Mackenzie

Quiero agradecerle al ex presidente Álvaro Uribe su rápida respuesta a quienes hemos expresado nuestra indignación por los insultos que Ernesto Yamhure profirió contra el ex ministro Fernando Londoño. Sin embargo, el mensaje de hoy del ex presidente me parece ambiguo e incompleto. Me cuesta decir esto por la admiración y el  respeto que profeso al líder del Centro Democrático. Por eso mismo estimo que hay que dejar de lado la diplomacia, más no la cortesía, para decir las cosas a cabalidad.

Ante la violenta campaña que fue desatada contra Fernando Londoño, presidente de la dirección nacional del Centro Democrático, no me satisface saber que la solución podría venir de un gesto inane: que Yamhure simplemente llame “respetuosamente al doctor Fernando Londoño”. Lo que él debe hacer es llamar al doctor Fernando Londoño para presentarle sus excusas por haberlo calumniado. Y decir públicamente que ha presentado sus excusas. Así es como se deben hacer las cosas: sin equívocos. Las calumnias sólo se reparan en público y en proporción al daño causado. No con una llamada privada.

Lamento que el presidente Uribe no haga tal exigencia. Y que tampoco tenga una sola palabra para las otras personas del CD que, aunque no lo exteriorizan, también son injuriadas por Yamhure. Del mismo modo ellas merecen respeto. Antes de absolverlo, el presidente Uribe debería decirle claramente a Yamhure que ni él ni el CD tolerarán un día más tales conductas.

Me sorprende que el presidente Uribe aborde el caso Yamhure como si éste hubiera sido acusado de ser “paramilitar”. Nadie lo acusa de eso. Al menos mi crítica no es esa. Yo no he utilizado esa palabra contra él. Lo critico sí por haber aplicado contra el ex ministro Londoño un método de denigración típico de las Farc. ¿Cómo el presidente Uribe puede soslayar ese hecho?

Observo que el ex presidente Uribe mezcla en su respuesta dos situaciones distintas: el caso Yamhure y el caso Iván Duque. Empero, yo no menciono a Duque en mi artículo sobre Yamhure, ni el ex ministro Londoño lo menciona en su editorial de ayer.

¿Quiere eso decir que hay una alianza entre Yamhure e Iván Duque y que la defensa de uno debe incluir la defensa del otro? Otras personas y yo hemos criticado ciertas actuaciones de Iván Duque. Por ejemplo: haber aceptado las aclamaciones del poder santista, su postura frente al millonario y activista de izquierda americano George Soros y la forma como el senador viene caracterizando la amenaza principal que sufre Colombia. El cree que  los acuerdos de La Habana tienen “normas de carácter humanitario” que deben ser preservadas. Y que por eso un nuevo gobierno, eventualmente del CD, no pediría la revocatoria de esos acuerdos. Iván Duque sostiene que el combate de ahora es contra “la corrupción”, cuando, en realidad, el peligro más inminente para Colombia siguen siendo las Farc, quienes han concentrados sus tropas y no se van a desarmar. ¿El caso Odebrecht  terminará ayudando a las Farc como factor distractor y desmovilizador?

Señalar tales errores no es calumniar a Duque.  ¿Al incluir el nombre de Duque en el mismo texto sobre las actuaciones de Yamhure el ex presidente trata de decir que hay un paralelismo entre las dos actitudes?  ¿Que quienes calumnian a Duque no pueden criticar las calumnias de Yamhure?

Si ello es así, ese enfoque es chocante y confuso.

La crítica de la orientación política de Duque no puede ser mostrada como un insulto. La crítica va contra lo que él ha dicho, escrito y propuesto. Nadie inventa nada que él no haya hecho.

El presidente Uribe dice: los “análisis intelectuales [de Iván Duque] nada tienen que ver con Soros.”  Asombroso. Si ello es así ¿por qué Duque no critica el respaldo que Soros da al catastrófico proceso de paz de Santos con las Farc?  ¿Por qué no se opuso nunca a las campañas de la organización del multimillonario contra altos mandos de las fuerzas militares de Colombia?

¿Pretende Iván Duque que con haber hecho una llamada telefónica  reciente al  general Bedoya contrarrestó el mal hecho con su artículo de febrero de 1998, en El Tiempo, en donde califica a ese distinguido oficial  de “fascista”, empleando el lenguaje infame que explotan los grupos de americanos financiados por Soros? ¿Si eso fue un error “de su primera juventud”, como dice el presidente Uribe, por qué Duque sigue defendiendo las posturas de la galaxia Soros?

Duque felicita al presidente Obama por su apoyo al matrimonio homosexual como un “gran paso en materia de derechos civiles”. Si Duque  no tiene una actitud crítica ante el obamismo ¿cómo podría entender que los planes de éste en favor de las negociaciones Santos-Farc en Cuba son funestos para la democracia en Colombia? ¿Obama no es el mandatario de Estados Unidos que utilizó su inmenso poder diplomático para influir, desde Washington y en Europa, para que los planes entreguistas de Santos avanzaran hasta los extremos suicidas actuales?

No veo la pertinencia de invocar, como hace el presidente Uribe, en su respuesta de hoy, temas como el aborto y el matrimonio homosexual.

Esos no son los temas que generan “antagonismos” en el CD. Generan discusiones, sí, pero eso es otra cosa. El antagonismo, si existe, es sobre los temas políticos superiores, como  qué hacer frente a las ambiciones y planes de poder inmediatos del tándem Santos-Farc. Ante eso el CD, hasta hace pocas semanas, tuvo una posición acertada y clara: no a los acuerdos de La Habana y respeto total al veredicto de las urnas, en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Esa línea está cambiando cuando se nos propone que aceptemos que una parte de tales acuerdos pueda ser “ajustada” por un gobierno dirigido por el CD. Para nosotros, esos acuerdos no existen, pues fueron abolidos por el voto ciudadano del 2 de octubre, y los planes que se hagan sobre el falso segundo “acuerdo”, tan falso como el primero, carecen de base legal y de legitimidad.

El presidente Uribe tiene razón al invitarnos a “construir la plataforma programática [del CD]” para poder  realizar “la coalición ciudadana para ganar el proceso de 2018”. Sin embargo, la construcción de tal plataforma debe pasar por una fase de discusión viva y real, sin rodeos y eufemismos. La discusión libre debe ser un derecho de todos los miembros del CD. No lo es hasta hoy, pues cuando la discusión ha comenzado contra las propuestas del senador Duque éste ha rehusado todo intercambio de argumentos y ha apelado, a través de terceras personas, al método de calificar a sus críticos de ser “calumniadores” y de lanzarle “fuego amigo”. Tal macartismo impide la discusión. El dá la impresión de querer imponer a rajatabla ciertas tesis aunque éstas sean consideradas por muchos no solo erradas sino desastrosas.

La unidad por la unidad no tiene sentido. La unidad política se hace sobre una serie de convergencias. Antes de invocar a la unidad hay que pasar por una fase de discusión libre y democrática que desemboque en tales convergencias. Ese clima de discusión tiene que ser reafirmado urgentemente en el seno del CD.